Realidoflexia: Acción de modificar la realidad a través de dobleces, flexiones y torciones para conseguir lo irreal.

28 may 2010

El aguante (Primera parte)


Cartel "El genio loco", de Mr. Fly



Un peso sutil se cuelga de mis párpados. Las fuerzas de mis miembros menguan. Puedo sentir claramente cómo la energía escurre por mis piernas y dedos. Sin embargo algo como un último suspiro me alienta a escribir lo acontecido ayer.
La fila de luces rojas frente a Manuel y yo era interminable. Calzada Zaragoza parecía impenetrable, pero era la única vía a Puebla, ciudad donde Chary García se presentaría. En un blog había leído esa misma tarde informaba que la presentación se adelantaría una hora, antes programada a las ocho. Eran más de las seis y las esperanzas parecían evaporarse. Sin embargo una voz interior me decía que aguantara.
Poco a poco el tráfico se disolvía, como por arte de magia. De pronto, ya estábamos en Chalco. Más tarde en una zona boscosa de neblina. Río frío apareció frente a nosotros a una velocidad de 120 Kms. Por hora. La lluvia no había cejado ni un momento de acompañarnos. Curvas a la derecha, a la izquierda.
Llegamos a Puebla. Seguimos las indicaciones que Manuel llevaba en una hoja. Cholula se abrió frente a nosotros como cualquier cosa. Llegamos, pensábamos prendiendo un cigarro para relajarnos. Eran pasadas las siete de la noche. Gran ilusión. Una chica que se resguardaba de las gotas en un local donde venden hotdogs dijo a rajatabla: Están perdidos. No me alarmé, sé que en provincia las grandes distancias son nimiedades a comparación de lo que representan en el DF. Intentaba decirnos cómo llegar, cuando el dependiente del local la interrumpió: No, no. Tomen esta calle, es sentido contrario, pero se van derecho y cuatro cuadras después encontrarán el periférico. De ahí se van a la derecha y llegan. Miré la calle referida y los autos salían uno tras otro, tres patrullas custodiaban la esquina. Agradecí la ayuda, pero no la tomé en cuenta. Di vuelta en u y me supe perdido.
Luego de mucho vagar por avenidas grandes y chicas encontramos un auto estacionado en algo que parecía una súper autopista. En la cajuela sobresalía el rótulo: Guía de turistas. Y aún sobresaltaba su obeso chofer orinando en la acotación. Le conté que necesitaba llegar al Centro Cultural Universitario. Respondió con una sonrisa sardónica: Se van a perder. Si quieres te digo, pero en la vuelta, la van a cagar, todos la cagan. Entendí sus intenciones: ¿Cuánto me cobras por conducirme? Cincuenta, dijo sin pensarlo. La negociación pudo rebajar diez pesos al costo inicial. No teníamos alternativa, seguramente ya habíamos perdido un cuarto o más de concierto.

Aquí es, gritó empapándose en la calle. Pagué. Nos estacionamos. Corrimos. Más gente también iba ataviada en el estacionamiento. Las mujeres llevaban zapatillas, abrigos; ellos, gabardinas, camisa metida en el pantalón de pinzas. ¿Así son los rockeros de Puebla? Cuestionó mi lado defecentrista. ¿Charly qué? No, aquí va a ser el concierto de Bosé. Estaba decepcionado. Pero ni eso, ni la lluvia en la cara me hicieron desistir, preferí aguantar una vez más.
En realidad fue Manuel quien tuvo la determinación de aguantar: No, guey, aquí es, aquí es. Eso bastó para retomar el trote por lo que más bien parecía una plaza comercial sin techo. La peña del estudiante, era un restaurante de lujo; pósters enormes en las paredes parecían publicitarios; el suelo de loseta perfectamente pulida correspondían más a los de un hotel cinco estrellas. Tras un edificio en forma de mini Auditorio Nacional se extendía una sombra blanca de unos cien metros. Pantalones de mezclilla, melenas largas de hombre, tenis y más tenis confirmaron que allí había sido o sería el concierto. Sonaba un disco con mezclas digitalizadas de The Beatles. Eran las ocho y cacho.

La presentación se había retrasado por el bendito aguacero. Buscamos a Flay (Mr. Flay), el amigo con el que nos encontraríamos. No contestaba su celular. Nos estaba por ningún lado. Decidimos detenernos un momento. Limpiaba mis lentes y vi a Miguel, otro amigo, éste de la niñez. Casualmente, en el camino le había referido a Manuel que hablé al celular de Miguel para llevarlo a Puebla con nosotros, pero estaba “fuera del área de servicio”. Manuel también había pensado en él al recordar nuestros tiempos de secundaria, donde nos conocimos los tres. Miguel llevaba a cuestas su nueva guitarra y un amigo al lado, con el que llevaba tres días tocando en las calles, para sacar el pago del hotel y las comidas. No se habían perdido ni uno solo de los conciertos del Festival Internacional e Puebla. Conocieron a dos músicos de King Krimson (hasta les habían firmado la guitarra) y a Diego “El Cigala”.
Mr. Fly llegó con esposa, hijos y cuñado. El tráfico poblano le había impedido llegar a tiempo. La banda estaba formada. Compartimos los cigarros especulando si Charly saldría a tocar o se cancelaría todo. Say no more, ooeo oe oe oe Charly Chaly, el público coreaba.
Sobre los instrumentos habían plásticos. Un timbak de gente sobre el escenario era la señal de que las decisiones importantes estaban siendo tomadas. El torrencial era ya una leve llovizna. Se deshizo el concilio, quitaron los plásticos, encendieron unas luces y la gente gritó eufórica.
Minutos más tarde, el bigote bicolor estaba frente a nosotros.
Yo que nací con Videla,
Yo que nací sin poder,
Yo que luché por la libertad
Pero nunca la pude tener…

La fiesta comenzó.

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